La Real Academia Española define la palabra “elogio”
como una alabanza de las cualidades y méritos de alguien o de algo. Carlos
Monsiváis describe de una forma sencilla precisamente un elogio a los libros,
que desde mi punto de vista para el autor es innecesario porque esto sólo lo
saben quienes leen, esto desde luego, con la firmeza de no pretender parecer un
texto que obligue al lector al hábito de la lectura, ya que simple y sencillamente la mayoría de las
personas no han estado nunca acostumbradas a hacerlo.
Es decir, el texto del escritor mexicano refleja la
triste realidad de los libros en México, comenta que aunque nunca se ha leído
con frecuencia en nuestro país, en los últimos años han existido diversos
obstáculos que fuerzan todavía más la decadencia en el interés por parte de los
mexicanos en querer leer un libro por gusto, y no porque ha sido impuesto en la
escuela o en el trabajo.
Aunado a esto, el aumento de los precios a los libros y
la disminución del valor de la lectura por una mala utilización de las
actualizaciones tecnológicas, que desarrollan otro tipo de capacidades y no
proponen proyectos realmente alentadores dificulta el interés, ya de por sí, muchos
de los pocos jóvenes que leen se muestran interesados en su mayoría por la
historias de nuestro vecino del norte, dejando de lado otros cuentos, historias,
igual o más interesantes.
Pretextos sobran, cualquier persona que no esté
acostumbrada a leer encuentra uno de manera casi automática para justificarse
de no haber terminado el libro que se propuso acabar hace medio año. A pesar de
ello, el autor afirma, y por obvias razones, que si tanto el interés familiar y
del gobierno por la lectura, así como las recomendaciones bibliográficas en
todos los niveles educativos sigue siendo el mismo que hasta hoy se vive, los
pretextos seguirán creciendo cada vez más.
Sin embargo, Monsiváis deja muy claro los beneficios
de la lectura: cualquier texto vigoriza las opiniones morales y políticas, se
complementan con imágenes un tanto fantásticas lo que lees, reflexionas acerca
del contexto en el que te encuentras, comprendes a la historia, a los seres
humanos y a la sociedad. Leer es como bien dice “el ingreso a la racionalidad,
la fantasía, la grandeza de los idiomas, el don de extraer universos de la
combinación de las palabras”. Pero desgraciadamente, ahora sólo parece leerse
porque es una de las pocas maneras en que se puede aprender el lenguaje.
Nunca se obligará a las personas al hábito de la lectura,
eso queda claro; y menos con un gobierno que ni siquiera él mismo está
acostumbrado a ello. La crítica a los gobernantes y empresarios que hace el
autor con respecto a su insignificante vocabulario ejemplifica de manera
brillante el grave problema que tiene el país.
Todo tiene una consecuencia y en este caso, Monsiváis deja
claro que la falta de lectura implica severos problemas en la sociedad:
incapacidad de concentrarse; una pérdida en los referentes culturales, el hecho
de ni siquiera diferenciar las palabras que en ocasiones creemos sinónimos y no
lo son. A su vez, en el sector educativo, el problema resulta aún más difícil
de superar, ya que si no se han modificado los métodos de enseñanza que obstaculizan
el interés a la lectura, todo seguirá igual de mal.
Así mismo, ¿cómo leer en un país donde la lectura “por
gusto” está considerado algo raro y no como un instrumento que te ayuda a
estructurar y acomodar tus conocimientos?, es irónico querer un México que lee
cuando ven a los libros como algo obligado a utilizar por las instituciones más
importantes de nuestro país, la escuela y la familia.
Y siguen, y seguirán los diversos “altos” a los que se
tiene que enfrentar para poder ser una sociedad medianamente ávida en la
lectura, porque recordemos nunca se ha leído mucho. Desde maestros que no tienen
el salario suficiente para conseguir libros y por ende transmitir sus conocimientos
a los estudiantes, hasta las personas que creen que la lectura no deja nada
bueno, sólo una pérdida de tiempo; pasando claro por el encarecimiento y la privatización
de la lectura.
Cómo era de esperarse el estímulo realmente válido
para que algunos pocos se interesen en la lectura es únicamente un verdadero
interés, pues “la actividad de la lectura se desarrolla por sí misma”. Además, el autor pone a su favor la difícil
situación que han vivido siempre los escritores, sobre todo mexicanos. Difícil
ha de ser escribir textos para que unos pocos los seleccionen entre tantos que
hay.
En fin, libros hay muchos, pero lectores cada vez son
menos. Sin embargo, el propio Monsiváis tiene la certeza de que en cada
generación existen sectores que se acercan cada vez más a la lectura.
Todo esto se encuentra en “Elogio innecesario de los
libros” donde solamente quienes leen saben que en un libro “se extraen
conocimientos sobre el ser humano, información, deleite, sentido del humor,
gozo y cultivo del idioma”, y quienes saben esto garantizan una larga vida para
los escritores, para las raquíticas editoriales y las cada vez menos
bibliotecas.
Quienes tienen
el hábito de leer tal vez tengan la obligación de dar a conocer a quiénes no lo
hacen las ventajas y grandes satisfacciones que implica descifrar signos, sólo
así quizá se puedan derribar todos los problemas que han ocasionado que el
escritor mexicano Carlos Monsiváis escriba un elogio innecesario de los libros.
Al fin y al cabo “frecuentar lo impreso no consiste en
la superioridad sobre los demás, sino en el cambio interno; en la certeza de
que uno ha sido mejor que de costumbre mientras lee, y volverá a remontar
algunas de sus limitaciones cuando recuerde lo leído”.
Carlos Monsiváis: Elogio (innecesario) de los libros. Ponencia presentada en el 6° Congreso Nacional de Lectura, 2004, Fundalectura, Colombia.
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ResponderEliminarDarany Lopez:
ResponderEliminarAntes que nada, es un gusto conocerte, al menos por este medio. Mis observaciones, si las deseas, son las siguientes:
Tu artículo y lo expones en él, es redondo. Cierras con elegancia y destreza el tema que abordas: la falta de lectura en nuestro país, lo que sucede alrededor y cómo nos afecta. Tienes mucha razón en verdad, al señalar, de un modo muy objetivo y honesto, por qué nuestra generación parece tener una clara reticencia a la literatura, no obstante, y también me agradó, haces hincapié en la posibilidad de que, más que un problema del sistema educativo actual, es un problema que hunde sus raíces en el gobierno.
Continuamente escucho "Entre más ignorante, más manipulable", y puede ser cierta dicha aseveración, pero mucho depende de cada uno de nosotros el remediar esto cuanto antes.
Es un gusto encontrar personas como tú, dispuestas a crecer, a conocer y compartir opiniones.
Tema aparte, y perdona si soy imprudente, es que tienes dos fallas de ortografía: Párrafo 9, línea 3, casi al principio te comiste un "que"; el "cómo" del párrafo siguiente, que yo sepa, no lleva acento.
Fuera de estos detalles, y considerando todo lo previo que comento, es un gusto conocerte y compartir ideas. Quiero seguirte :)
Que tengas buena semana.