lunes, 18 de febrero de 2013

Control 03: La administración editorial




Importante saber en cuestiones editoriales, a quién va dirigido el trabajo que se va a realizar, sin embargo, la creatividad y la imaginación por parte del editor también son fundamentales para encontrar el punto exacto que haga acomodarse al público de acuerdo a sus necesidades e intereses para que sea una publicación exitosa. Sin olvidar la inminente relación editor, autor, lector.

Como se ha visto, la producción editorial es un proceso complejo y más cuándo el interés económico no es de gran relevancia para los amantes de la difusión de obras y autores. Que para llevar a cabo sus propósitos, ya se veía que su trabajo no se basa en el esfuerzo y la dedicación de una persona, sino de todo un equipo de profesionales, con conocimientos más que necesarios para terminar su fin común.

El capítulo “Administración de una empresa de cultura” de Fernando Esteves Fros y Jorge Vanzulli nos muestra cómo funciona la organización de una empresa editorial, sin dejar de aclarar que las remuneraciones simbólicas no son sino lo más importante que una empresa pueda obtener a cambio de su esfuerzo.

Toda empresa editorial tiene determinados preceptos filosóficos que la harán caracterizarse de todas las demás, a esto se refiere con los tipos de publicaciones que realice, el lenguaje, los diseños, etcétera. Estas cuestiones se deben enfocar de acuerdo a las necesidades y deseos que se pretendan satisfacer, el tipo de productos o servicios con los que satisfacerá a los consumidores y las ventajas con las cuáles sacará provecho de toda la competencia.

Ahora bien, la empresa editorial es una organización, su óptimo desarrollo implica una división del trabajo en tres ramas, la producción, comercialización y administración; que cómo ya se veía optimizan recursos, tiempo y “mano de obra”. Estas secciones a su vez están dadas para que el personal adecuado tenga las actividades correctas dependiendo de su talento, intereses y habilidades que harán aún más fácil la producción.

El departamento de administración editorial es complejo, se basa principalmente en el cuidado y seguimiento de los aspectos económicos, políticos, las relaciones con otros personales y la inseparable organización del tiempo. Todo sumamente cuidado para que la inversión que se le hizo a cada obra sea correctamente esperada, pues no se obtienen inmediatamente después de que una publicación fuera puesta a la venta; tienen que organizar sus ideas, propuestas y textos para que los ingresos sean reembolsados de forma equilibrada.

Los autores recalcan dos tareas como unas de las más frecuentes y complejas:
El tiraje que se va a realizar; muchos factores se tienen que revisar anteriormente para poder saber cuántos serán.  Una mala planeación y la empresa en general sería afectada. El pago de los derechos del autor es la otra tarea, donde cualquier incumplimiento costaría más caro en la credibilidad del los autores que lo económico para la editorial.

Si bien se han visto lo complejo que resulta una empresa editorial como organización, todo esto se basa en la complicada relación que se tenga entre el editor y el autor. Un buen trato por parte de las editoriales hacia sus autores, así como la correcta valoración de su esfuerzo y el trabajo jamás le faltará a éstas.

Sin duda, el reconocimiento y prestigio que se gane una editorial será dado por los contratos y antecedentes que la misma se haya ganado. Y todo esto gracias a la calidad de los contenidos que sólo el público con el paso del tiempo le podrán calificar.

Es de sabios reconocer los errores, pero en el caso de las publicaciones de los libros y como en la mayoría de los casos sucede, cuando hay algún fracaso en este caso por parte de los editorialistas el autor suele culparlos, pero cuando es un éxito rotundo, la mayoría ni se acuerda de ellos.

Muchas serán las relaciones que se creen y obtengan en una editorial, tanto de forma externa como interna, sin embargo, algo primordial que deben tomar en cuenta las editoriales es conocer a la esencia de su trabajo, el autor. Nada les dará mejor prestigio y reconocimiento que las publicaciones que tengan éxito gracias al buen manejo de los conocimientos y estrategias (rentabilidad económica y/o aporte cultural).

Pero además de todo esto, es importante cuestionarse sobre la opción que tienen los editoriales de poner énfasis en la cuestión económica o a la cultural, y que los especialistas recalcan a la producción intelectual y artística como la que debe sobresalir.

A todo esto, los autores cierran con una reflexión que en lo personal poco se ha hablado al respecto, porque es sumamente entendible pero nada reconfortante: el apoyo a las obras basadas en su mayoría por “el interés del público” (en función de la demanda) que recalcan más un interés económico, que en un interés intelectual porque simple y sencillamente como se ha venido recalcando, la mayoría de la gente no lee.



Esteves Fros, Fernando, et. Al. “Administración de una empresa de cultura” en El mundo de la edición de libros. Paidós Diagonales. Buenos Aires. 2002




jueves, 14 de febrero de 2013

Control 2: Guía para la publicación de libros




La mayoría de la gente no tiene ni idea de lo que es y lo que implica trabajar en una editorial, sin embargo, la publicación de libros tiene un aporte sumamente importante en cuanto al desarrollo social, educativo y económico de un país; esto a pesar del poco interés y los insuficientes lectores que hay.

Datus C. Smith y su texto Guía para la publicación de libros, recalca en primera instancia la relevancia que han tenido los libros en cuanto a que son la mejor herramienta para la educación, pues ésta es fundamental para que el país tenga un óptimo desarrollo en todos los aspectos. Es decir, el autor comienza explicando la importancia de la materia prima de los editores, los libros, para posteriormente validar la dedicación y el trabajo de los editores.

Ventajas al leer son demasiadas, la mayoría lo sabe; pero cuando se tienen textos cercanos al contexto inmediato en el que se desenvuelven los lectores y cuando existe una identificación con lo que se está leyendo, la probabilidad de que se lea con gusto es mayor, sin embargo, esto no es lo único en lo que se tienen que preocupar los editores para que su publicación tenga éxito.

El precio del papel y elementos necesarios, vendedores, publicidad, permisos, reglamentos y demás cuestiones que uno siquiera se hubiera imaginado, son complementos a los que las casas editoriales tienen que enfrentarse toda vez que tenga en puerta un nuevo proyecto.
A pesar de todo, las recomendaciones, opciones y sugerencias no faltan si se trata de exponer los lineamientos generales para la publicación de un libro, ya que cada una de las editoriales debe adaptar su trabajo y dichos recursos de acuerdo a las necesidades y propósitos que se haya planteado; porque cada país o región tiene necesidades editoriales distintas que dependen de su público.

Todo lo complejo que resulta producir un libro y hacerlo llegar al lector, se logra gracias al trabajo en conjunto de un complejo equipo. Organizado y clasificado en: el autor (la esencia del trabajo editorial) que es quien escribe la obra, el impresor, quien transforma la obra en un libro, el vendedor, cuya tarea es poner a la venta los tirajes, y el editor, el estratega y organizador de todo.
Pero, precisamente para comprender el significado mismo de lo que es una empresa editorial, la descripción de cada función (autor, el impresor, el vendedor y el editor) permitirá darle la importancia que tiene una empresa editorial, además de las complicaciones nada fáciles de solucionar por las que se enfrentan todos y cada uno de los integrantes para sacar adelante una obra.

El autor es la esencia del trabajo de todo editor, cada obra publicada tiene o debería otorgarle, un reconocimiento por parte de la sociedad. A pesar de ello, las circunstancias en las que se encuentra a la hora de querer publicar su texto no son sencillas; además de darle su trabajo al editor, éste también puede ayudarle a conseguir algunos elementos de importancia para obtener un trabajo que sea grato para todos: el autor, la editorial y el lector.

Es importante mencionar, el gran énfasis que hace Smith respecto a la “piratería” en los libros (en ocasiones considerada un apoyo para la industria editorial), e incluso las vías que puede tomar un autor respecto a regalar al mundo o no la reproducción de su obra. Esto no con la finalidad de dar a conocer las posibilidades con las que cuentan, muy al contrario para recalcar la situación tan complicada que se está suscitando en cuanto a la motivación de la creación de libros.

El impresor es quien fabrica los libros, acomoda todos los elementos de acuerdo a las órdenes del editor y lo imprime. Sin embargo, el correcto y meticuloso cuidado en la calidad del papel, la composición tipográfica, los colores,  el formato, incluso correcciones de estilo o tipográficas (que comprenderían tareas únicamente de los editores), pueden resultar en un trabajo sumamente brillante.

Importante es tener una buena promoción de los libros, las cuales se dan de acuerdo a evaluaciones del entorno en el que se quiere (o tengan que) sean vendidos los libros, y de esto se encarga el vendedor. Las librerías dependiendo de la variedad de temas con los que cuente, podrá estimular intereses y satisfacer gustos. De valientes es tener toda una inversión esperando por meses e incluso años en anaqueles o stands  pues vendiendo los libros comprados al editor será la única manera de recuperar su dinero.

Llegando al punto culminante de todo el proceso editorial, encontramos al editor, coordinador máximo de la empresa editorial. Ocupando un lugar central, éste personaje se encarga de la planeación y organización de todo el proceso, desde recibir la obra hasta la supervisión hasta la distribución del libro terminado.

Un trabajo con muchas presiones y organizaciones; esta labor requiere de una visión sumamente amplia, moderna e innovadora, capaz de adaptar su negocio a las circunstancias de cada país.
Son tan amplias las labores de un editor que básicamente se dividen en tres: la edición, correspondiente a la preparación del manuscrito entregado por el autor para su impresión; la producción, que incluye el diseño y formato del nuevo libro para su manufactura y por último, la venta y el mercado, promociones, además del grupo objetivo al que va dirigido.

Es así como el trabajo del editor comprende una difícil tarea que sólo entendiendo la importancia de los libros, permitirá entender y valorar el quehacer al que se enfrentan todas las casas editoriales para obtener el libro que el público necesita.

Recordemos de nueva cuenta que el principal propósito de un libro es comunicar, que esto no debe dejarse atrás por muchas innovaciones tecnológicas que vayan surgiendo, sino se deben conjugar para que la importancia de los libros y el trabajo arduo de cada persona que hace posible la publicación de los mismos crezca cada día más, fomenten a su vez una mejor comunicación y se obtenga un óptimo desarrollo educativo, social y económico.



Datus, C. Smith, Jr. Guía para la publicación de libros, Universidad de Guadalajara. 1991. México.

domingo, 10 de febrero de 2013

Control 1: Elogio innecesario de los libros de Carlos Moinsiváis


La Real Academia Española define la palabra “elogio” como una alabanza de las cualidades y méritos de alguien o de algo. Carlos Monsiváis describe de una forma sencilla precisamente un elogio a los libros, que desde mi punto de vista para el autor es innecesario porque esto sólo lo saben quienes leen, esto desde luego, con la firmeza de no pretender parecer un texto que obligue al lector al hábito de la lectura, ya que  simple y sencillamente la mayoría de las personas no han estado nunca acostumbradas a hacerlo.

Es decir, el texto del escritor mexicano refleja la triste realidad de los libros en México, comenta que aunque nunca se ha leído con frecuencia en nuestro país, en los últimos años han existido diversos obstáculos que fuerzan todavía más la decadencia en el interés por parte de los mexicanos en querer leer un libro por gusto, y no porque ha sido impuesto en la escuela o en el trabajo.

Aunado a esto, el aumento de los precios a los libros y la disminución del valor de la lectura por una mala utilización de las actualizaciones tecnológicas, que desarrollan otro tipo de capacidades y no proponen proyectos realmente alentadores dificulta el interés, ya de por sí, muchos de los pocos jóvenes que leen se muestran interesados en su mayoría por la historias de nuestro vecino del norte, dejando de lado otros cuentos, historias, igual o más interesantes.

Pretextos sobran, cualquier persona que no esté acostumbrada a leer encuentra uno de manera casi automática para justificarse de no haber terminado el libro que se propuso acabar hace medio año. A pesar de ello, el autor afirma, y por obvias razones, que si tanto el interés familiar y del gobierno por la lectura, así como las recomendaciones bibliográficas en todos los niveles educativos sigue siendo el mismo que hasta hoy se vive, los pretextos seguirán creciendo cada vez más.

Sin embargo, Monsiváis deja muy claro los beneficios de la lectura: cualquier texto vigoriza las opiniones morales y políticas, se complementan con imágenes un tanto fantásticas lo que lees, reflexionas acerca del contexto en el que te encuentras, comprendes a la historia, a los seres humanos y a la sociedad. Leer es como bien dice “el ingreso a la racionalidad, la fantasía, la grandeza de los idiomas, el don de extraer universos de la combinación de las palabras”. Pero desgraciadamente, ahora sólo parece leerse porque es una de las pocas maneras en que se puede aprender el lenguaje.

Nunca se obligará a las personas al hábito de la lectura, eso queda claro; y menos con un gobierno que ni siquiera él mismo está acostumbrado a ello. La crítica a los gobernantes y empresarios que hace el autor con respecto a su insignificante vocabulario ejemplifica de manera brillante el grave problema que tiene el país.

Todo tiene una consecuencia y en este caso, Monsiváis deja claro que la falta de lectura implica severos problemas en la sociedad: incapacidad de concentrarse; una pérdida en los referentes culturales, el hecho de ni siquiera diferenciar las palabras que en ocasiones creemos sinónimos y no lo son. A su vez, en el sector educativo, el problema resulta aún más difícil de superar, ya que si no se han modificado los métodos de enseñanza que obstaculizan el interés a la lectura, todo seguirá igual de mal.

Así mismo, ¿cómo leer en un país donde la lectura “por gusto” está considerado algo raro y no como un instrumento que te ayuda a estructurar y acomodar tus conocimientos?, es irónico querer un México que lee cuando ven a los libros como algo obligado a utilizar por las instituciones más importantes de nuestro país, la escuela y la familia.

Y siguen, y seguirán los diversos “altos” a los que se tiene que enfrentar para poder ser una sociedad medianamente ávida en la lectura, porque recordemos nunca se ha leído mucho. Desde maestros que no tienen el salario suficiente para conseguir libros y por ende transmitir sus conocimientos a los estudiantes, hasta las personas que creen que la lectura no deja nada bueno, sólo una pérdida de tiempo; pasando claro por el encarecimiento y la privatización de la lectura.

Cómo era de esperarse el estímulo realmente válido para que algunos pocos se interesen en la lectura es únicamente un verdadero interés, pues “la actividad de la lectura se desarrolla por sí misma”.  Además, el autor pone a su favor la difícil situación que han vivido siempre los escritores, sobre todo mexicanos. Difícil ha de ser escribir textos para que unos pocos los seleccionen entre tantos que hay.

En fin, libros hay muchos, pero lectores cada vez son menos. Sin embargo, el propio Monsiváis tiene la certeza de que en cada generación existen sectores que se acercan cada vez más a la lectura.

Todo esto se encuentra en “Elogio innecesario de los libros” donde solamente quienes leen saben que en un libro “se extraen conocimientos sobre el ser humano, información, deleite, sentido del humor, gozo y cultivo del idioma”, y quienes saben esto garantizan una larga vida para los escritores, para las raquíticas editoriales y las cada vez menos bibliotecas.

 Quienes tienen el hábito de leer tal vez tengan la obligación de dar a conocer a quiénes no lo hacen las ventajas y grandes satisfacciones que implica descifrar signos, sólo así quizá se puedan derribar todos los problemas que han ocasionado que el escritor mexicano Carlos Monsiváis escriba un elogio innecesario de los libros.

Al fin y al cabo “frecuentar lo impreso no consiste en la superioridad sobre los demás, sino en el cambio interno; en la certeza de que uno ha sido mejor que de costumbre mientras lee, y volverá a remontar algunas de sus limitaciones cuando recuerde lo leído”.

Carlos Monsiváis: Elogio (innecesario) de los libros. Ponencia presentada en el 6° Congreso Nacional de Lectura, 2004, Fundalectura, Colombia.

martes, 5 de febrero de 2013

Bienvenido

Un espacio dedicado a la reflexión y la interpretación no sólo de lecturas y opiniones de diversos personajes, sino también la vinculación con los sucesos y transformaciones de la vida cotidiana.

Bienvenido a uno de esos lugares donde se intenta aprender y conocer un poco de todo, un lugar donde nadie tiene la última palabra. Este es un espacio que intenta exponer mis ideas, opiniones y cualquier argumento para que sea comentado y criticado.